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lunes, 8 de junio de 2009

Il y a longtemps que je t'aime jamais je ne t'oublierai

Se acerca mi día, y tu día otra vez. Se acerca mi día y tu lugar vacío una vez más se queda. Vacío para el mundo, vacío para esos ojos cerrados de la gente que no cree en el amor trascendiendo las barreras de esta vida, vacío para aquellos que nunca escucharon tu voz. Vacío...

"¿Por qué tendría que llorar por tí? Total, si el pasado vuelve lo dejaré ir suavemente"


Dejarte ir, ¿será olvidarte? No lo creo. No es posible olvidarte si cada vez que llego a la casa, recuerdo tu imagen, te recuerdo ahí, en el banquito del cuarto donde los alacranes acarician la cara del título de mi madre. Ahí, asoleándote un ratito en las mañanas, costumbre que me heredaste de igual manera que los pies y esas manos "arrugadas" de Emilita. No puedo decir que viví un sábado pleno sin sentarme ahí unos minutos.


Se acerca mi día, y el tuyo también. Para el mundo ya no estás, pero para mí no te vas porque te quiero, porque te quiero y te digo, y te sueño y te respiro y te cuento lo que pienso. A tí te tocó descubrir que le temo a la oscuridad, y te tocó estar ahí cuando despertaba aterrada luego de estar soñando un precipicio que se abría entre las 2 camas, temiendo caer y perderme para siempre en esa ausencia de luz. A ti te tocó invitarnos a comer cada mayo, para que mom descansara de cocinar ese día. Y te tocó cuidar hijos, marido, nietos, sobrinos y uno que otro advenedizo, y lo hiciste todo con la misma entereza y tu cara serena.

Ya viene tu día, y ya se puede sentir en el ambiente, ese viento raro, esa engañosa calma, ese frío en los ánimos de todos, ese llamado instintivo a reunirnos en esa casa, para esperar que regreses... pero estamos juntos aún y por eso somos fuertes, aunque bien sabemos que la espera es en vano. Pero seguimos creyendo en tí, y para nosotros, ese lugar tuyo no queda vacío, se llena con tu aroma, con tu cariño, con tu recuerdo...
"Je voudrais que la rose
Fut encore au rosier
Et moi et ma maîtresse
Dans les mêmes amitiés
Il y a longtemps que je t'aime
Jamais je ne t'oublierai "

sábado, 6 de junio de 2009

there's nothing to give: how can we ask for more?


Perséfone dormía plácidamente, cuando escuchó un suave "Te quiero"; se levantó, observó con atención lo que le rodeaba, y encontró que seguía en el inframundo, pero no había calor, sólo quedaban cenizas, y su amor no estaba ahí, irónicamente Hades no estaba ahí.
Triste, decidió volver a dormir. Se dedicó a soñar y a imaginar que descubría esa voz tan familiar, que descubría el color de sus ojos y tocaba sus manos, que sus cabellos eran oscuros y ondulados como el agua cuando jugaba a aventar piedras. Y fue feliz a su lado, en sueños, claro.
El tiempo siguió pasando, y por fin, escuchó nuevamente aquel susurro: "Te necesito, despierta..." y Perséfone se despidió de sus sueños para saludar a la realidad. Y ahí estaba, justo como lo había estado soñando, imaginando: con su cabello igual y sus ojos de estrella y abriendo los brazos para recibirla. La abrazó con ego de su esencia y un beso le depositó en la frente... pero bajó la mirada y habló: "Te he estado observando, deseando despertases, para poder decirte que necesito un poco más de tiempo, tiempo para soñar y más tiempo para admirarte en silencio. Te amo, es verdad, pero te suplico que vuelvas a dormir; no temas, volveré a despertarte, volveré y entonces, el mundo será mejor para los dos..." y se desvaneció frente a ella.
Y se quedó tomando unas manos invisibles ya, pensando cómo había abierto los ojos en el momento equivocado, una vez más. Y para no llorar, los volvió a cerrar y regresó a sus sueños, ahí sí era seguro encontrar esas manos que se esfumaron tan pronto.
Pero él no mentía: se fue, empeñado en hallar una manera para poder vivir con ella los 12 meses completos y -aunque la dejaba ahí en la oscuridad, ella seguiría durmiendo- no tener que conformarse con la mitad que le tocaron según el trato que Démeter le obligó a aceptar. Y justo ahora vaga por el mundo, con un sólo nombre grabado en su divinidad:
Perséfone... Perséfone...
Nota: esto es del 2008

lunes, 4 de mayo de 2009

La esquina de los olvidados

Hay una esquina en la que van quedando poco a poco todas esas cosas que uno deja de querer o de cuidar.Y sobre ese rincón etéreo, les platicaré ahora.


Ay, pobres de los olvidados, que ven sus destinos desmoronarse en las pelusas que rodarán por siempre jamás en las casas vacías, en los sueños dormidos de las amas de casa, de las personas que con dignidad llevan la carga de limpiar cada oficina, cada casa, cada escuela, cada calle y que ingratamente llamamos domésticos, afanadores, hormiguitas, sin detenernos a pensar que sin ellos, nuestro mundo estaría mucho pero mucho más sucio, puesto que nosotros pensamos que son las hadas las que mueven las escobas, trapeadores y plumeros.

Dicen que en las casas entra un ser extraño y dispersa en ellas una peculiar materia que agrupa el polvo que va quedando como mudo testigo de la vida cotidiana; es el “Viejito de las pelusas”, terror de todo aquel amante de la limpieza, pues aunque uno limpie cada día, basta una mirada en la dirección equivocada para que este personaje libere esas partículas. Y yo les digo, se me hace que esas pelusas son los restos de las cosas que viven en la esquina de los olvidados…

Ay, que los olvidados también un día fueron importantes… ay, que nosotros iremos a parar también en esa esquina el día que alguien deje de decir nuestro nombre.

Come
nta por ahí mi madre, que si “la materia no se crea ni se destruye” (Lavoisier), entonces, ¿a dónde se van los broches para tender la ropa, los seguros, los lápices pequeños y los calcetines? Porque ustedes (los de uds., que alguna vez han lavado) bien conocido tendrán el hecho de que los calcetines y calcetas tienen la costumbre de llegar en pares y terminar siempre nones; lo mismo con los broches para ropa, que misteriosamente van emigrando a sabe qué tierras extrañas (bueno, pero ahora ya dijimos que se van a la esquina esa) y a la hora de tender, regularmente hacen falta más. Algo similar pasa con los seguritos para ropa, las tapas de los aretes y los lapicitos.

Pero no son estos los únicos habitantes del olvido, porque ahí viven también cosas del reino de lo no-físico, como la oración matutina al ángel de la guarda, que parece que ya nadie recuerda (entonces, cuando algo malo nos pasa, nos enojamos y le reclamamos su indiferencia); el saludo sonriente que se daba al llegar al trabajo, a la casa o a la
escuela; ese beso de buenas noches para que los niños duerman tranquilos y los amores se queden resguardados hasta que el sol regrese de su nocturno peregrinar… incluso, he tenido noticias de que se ha mudado a esa tenebrosa esquina, la enervante sensación de pequeñez nuestra (y grandeza del Hacedor de las cosas) de ver cielo y tierra del campo teñirse de amarillo y rojo con un atardecer veraniego… la alegría de escuchar cantar un ave en libertad, ajena a las penurias de nuestra vida cotidiana, el gozo de ver un cactus floreciendo, a pesar de las espinas...