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jueves, 26 de septiembre de 2013

Las cosas siempre podrían estar peor

Calci, Calciferito, Calcicito, Calciferol, Catzifetz, Calcifer de mi vida y de mi corazón

me ha abandonado, mas no fue porque así lo quisiera él; no, alguien más pérfidamente
decidió por él y nos lo quitó.

Pero fue feliz, lo sé.



Lo extraño mucho.
                           Mucho.
                                       Mucho.
                                                   Mucho.




                                     I'll never forget you, como dice la Birdy, pero

                                                I'll never forgive you...


domingo, 12 de julio de 2009

Mi Ojos de Chapulin


Mi Calcifer, mi Ojitos de Chapulín, se accidentó hoy (dormingo) cuando volvía del rancho, de nadar y pelearse con las piedras y correr y no sé qué tanto hacer. Venía con mi papá, en la parte de atrás de la camioneta, bobeando y pasó otra camioneta y me lo aventó...

Se raspó el hociquito, la ceja y el "cachete" derechos. Se raspó también su manita derecha y la patita del mismo lado no la puede apoyar, y sufrió para acostarse... lo bueno es que es bien tragoncillo y se comió de buena gana el analgésico que le di, porque mi tío el Vet lo va a poder revisar ya hasta mañana en la mañana. Ay, ya quiero que se alivie mi chiquitito...

sábado, 6 de junio de 2009

Scarface


En mi casa siempre hemos tenido animalitos, como mascotas, como amigos y como una fuente inagotable de lágrimas (xq se van al Cielo de las Mascotasasesinas).

Hace muchos años, cuando Nana y yo éramos unas muñequitas cachetoncitas y preciosas, había un gato que ahora no recuerdo si era de mi abuelita o de nosotros, el caso es que Nana jugaba mucho con él. Y un día el gato le rasguñó el rostro, y staba Nanita sentadita por ahí, con su nuevo look, cuando nuestra tía-vecina Queta, la ve y le dice:

-¿Qué trae en la cara, Nanita?

- Pues fue el gato... yo le decía que no, y él me decía que sí...


Jaja pero al final, prevaleció la voluntad del gato... gato malo. Tampoco recuerdo bien, pero se me hace que fue el mismo gato amarillito que un día se salió corriendo de la casa, y lo atropellaron :(

lunes, 4 de mayo de 2009

La esquina de los olvidados

Hay una esquina en la que van quedando poco a poco todas esas cosas que uno deja de querer o de cuidar.Y sobre ese rincón etéreo, les platicaré ahora.


Ay, pobres de los olvidados, que ven sus destinos desmoronarse en las pelusas que rodarán por siempre jamás en las casas vacías, en los sueños dormidos de las amas de casa, de las personas que con dignidad llevan la carga de limpiar cada oficina, cada casa, cada escuela, cada calle y que ingratamente llamamos domésticos, afanadores, hormiguitas, sin detenernos a pensar que sin ellos, nuestro mundo estaría mucho pero mucho más sucio, puesto que nosotros pensamos que son las hadas las que mueven las escobas, trapeadores y plumeros.

Dicen que en las casas entra un ser extraño y dispersa en ellas una peculiar materia que agrupa el polvo que va quedando como mudo testigo de la vida cotidiana; es el “Viejito de las pelusas”, terror de todo aquel amante de la limpieza, pues aunque uno limpie cada día, basta una mirada en la dirección equivocada para que este personaje libere esas partículas. Y yo les digo, se me hace que esas pelusas son los restos de las cosas que viven en la esquina de los olvidados…

Ay, que los olvidados también un día fueron importantes… ay, que nosotros iremos a parar también en esa esquina el día que alguien deje de decir nuestro nombre.

Come
nta por ahí mi madre, que si “la materia no se crea ni se destruye” (Lavoisier), entonces, ¿a dónde se van los broches para tender la ropa, los seguros, los lápices pequeños y los calcetines? Porque ustedes (los de uds., que alguna vez han lavado) bien conocido tendrán el hecho de que los calcetines y calcetas tienen la costumbre de llegar en pares y terminar siempre nones; lo mismo con los broches para ropa, que misteriosamente van emigrando a sabe qué tierras extrañas (bueno, pero ahora ya dijimos que se van a la esquina esa) y a la hora de tender, regularmente hacen falta más. Algo similar pasa con los seguritos para ropa, las tapas de los aretes y los lapicitos.

Pero no son estos los únicos habitantes del olvido, porque ahí viven también cosas del reino de lo no-físico, como la oración matutina al ángel de la guarda, que parece que ya nadie recuerda (entonces, cuando algo malo nos pasa, nos enojamos y le reclamamos su indiferencia); el saludo sonriente que se daba al llegar al trabajo, a la casa o a la
escuela; ese beso de buenas noches para que los niños duerman tranquilos y los amores se queden resguardados hasta que el sol regrese de su nocturno peregrinar… incluso, he tenido noticias de que se ha mudado a esa tenebrosa esquina, la enervante sensación de pequeñez nuestra (y grandeza del Hacedor de las cosas) de ver cielo y tierra del campo teñirse de amarillo y rojo con un atardecer veraniego… la alegría de escuchar cantar un ave en libertad, ajena a las penurias de nuestra vida cotidiana, el gozo de ver un cactus floreciendo, a pesar de las espinas...